Revolucionar para evolucionar

La teoría de las ideologías revolucionarias, es técnicamente el resultado histórico y filosófico de lo que hoy conocemos como “modernidad”. La modernidad es en sí misma la “revolución”, en gran parte por su orientación hacia la construcción de una versión única del hombre, la humanidad y el mundo. Sin embargo, la modernidad es básicamente una actitud frente a las cosas, en donde el hombre se hace cargo de la construcción del sentido de la realidad, de estar siempre mirando hacia adelante, apostándole a un mundo nuevo y original.

Sin embargo, el problema no está en que el hombre se haya hecho cargo de darle un sentido a las cosas, si no de querer imponer su sentido único que sólo responde a los intereses de algunos.

La revolución del mundo actual tiene todo que ver con la importancia de que el hombre pueda seguir profundizando su proyecto de emancipación de toda atadura, dogma e imposición. Debe darse cuenta de la importancia la reflexión entre la conciencia y la libertad colectiva, de vivir en la diferencia y no en la negación del otro.

Muchas revoluciones han inaugurado tiempos de libertad, pero se ha subestimado siempre su valor más grande y más humano que es “el cambio”.

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